El bicho que se comía los libros
Lees sobre el cuerpo, lo entiendes todo y sigues congelándote cuando alguien te mira de verdad. Saber las letras del mar no es mojarse los pies.
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Lees sobre el cuerpo, lo entiendes todo y sigues congelándote cuando alguien te mira de verdad. Saber las letras del mar no es mojarse los pies.
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Ansiedad y un cansancio que no se va durmiendo, sin nada que lo explique. Ni estás roto ni te falta trabajo personal: esa herida es más vieja que tú.
La ansiedad que sientes no empezó contigo Leer más »
En 1956 el gobierno de Estados Unidos quemó los libros de Wilhelm Reich en un incinerador. Su delito fue mirar hacia abajo, hacia el cuerpo.
Quemaron sus libros (pero no pudieron quemar esto) Leer más »
Sabes nombrar lo que te pasa en las relaciones y aun así no sabes quedarte cuando alguien se acerca de verdad. El vínculo no ocurre solo en la cabeza.
Ese nudo en el estómago y el agotamiento que no se va durmiendo. No estás roto: mira la jaula antes de buscar qué tienes tú de defectuoso.
El animal que da vueltas en la jaula Leer más »
Meditas dos horas y no sabes decirle un «no» a tu pareja. La paz que se construye huyendo del barro no sostiene nada cuando llega el conflicto.
Usar la espiritualidad como anestesia Leer más »
Duermes con alguien al lado y te sientes solo. Lo peor que puede pasarte es que se enamoren de tu máscara: entonces hay que sostenerla.
El problema de que se enamoren de tu máscara Leer más »
Quieres que te abracen y te presentas con la armadura puesta. La defensa no es mala: el problema es olvidarse de quitársela al entrar en casa.
Abrazar con la armadura puesta Leer más »
Tener una duda puntual ante una decisión importante es humano. Pero vivir instalado en la duda sistemática es otra cosa. Ese bloqueo constante de «no sé qué hacer». Esa lucha interna donde una parte dice sí, otra dice no. El deseo empuja y la mente frena. Eso no es indecisión. Eso es un síntoma. En
Prefieres obedecer a ser libre Leer más »
Llevamos semanas hablando de cosas intensas. Hemos hablado de la «media naranja», de la pulsación, de la agresividad… Y de por qué el amor romántico es una estafa biológica. Seguramente, mientras me leías, tu cabeza asentía. «Sí, tiene sentido». «Claro, es verdad». «Qué interesante lo de Reich». Pero tengo una mala noticia. Entenderlo no cambia
Tu cabeza lo entiende, pero tu cuerpo no Leer más »