Reconectar con lo orgánico y natural no se erige como una nueva corriente ideológica, sino como una invitación interna para reconstituir nuestro ser y el mundo en sintonía con la esencia primordial de la vida. Lo «orgánico» se entiende aquí como el puente hacia nuestra naturaleza más auténtica, aquella donde la sabiduría innata de la vida aguarda ser explorada y sentida.
Nuestro viaje comienza al reencontrarnos con nuestro cuerpo, no solo como una entidad física, sino como el hogar de nuestras sensaciones y percepciones más profundas. Este reencuentro nos invita a redescubrir un mapa vital donde la claridad emerge desde un sentir que trasciende lo puramente mental.
Es crucial, sin embargo, no erigir este nuevo descubrimiento sensorial en un absoluto, evitando repetir el error de haber ensalzado la mente como la única guía. Debemos reconocer que el condicionamiento de nuestros cuerpos y emociones ha avanzado en paralelo al de nuestras mentes, fruto de siglos de adoctrinamiento orientado a moldearnos en caricaturas funcionales para el sistema —trabajadores, soldados, madres, padres— sacrificando nuestra verdadera naturaleza: seres sensibles, conectados, amorosos, sexuales, jubilosos, tribales, mágicos, cósmicos…
El redescubrimiento de nuestra autenticidad se presenta entonces como un viaje de reconocimiento, cuestionamiento y reconstrucción, fundamentado en la conciencia emergente de actuar desde nuestra coherencia interna.
Antónimo: Acorazado. mecánico.