Tu pareja necesita tu agresividad

Hay una confusión terrible en el mundo del crecimiento personal.

Nos han enseñado que para ser «elevados» o «espirituales» tenemos que matar nuestra agresividad.

Nos dicen que tenemos que ser paz, luz y calma constante.

Y eso es un error biológico grave.

En Trika distinguimos claramente entre agresividad y violencia.

No son lo mismo. Son opuestos.

La palabra agresividad viene del latín ad-gredere, que significa literalmente «ir hacia».

La agresividad es la energía necesaria para moverte hacia lo que quieres.

Es el impulso que te permite conquistar un trabajo, poner un límite sano o ir hacia tu pareja.

Para que haya encuentro, para que haya sexo, para que haya vínculo real…

Necesitas la fuerza de ir hacia el otro.

Necesitas tomar.

Necesitas morder la manzana.

Si castras tu agresividad para ser un «niño bueno» o una «niña buena»…

Te quedas sin motor.

Te vuelves pasivo.

Y lo peor es esto.

La agresividad reprimida se pudre.

Cuando no te permites el «ir hacia» (la fuerza sana)…

Esa energía se estanca.

Y se convierte en violencia.

Resentimiento.

Pasivo-agresividad.

Malas caras.

Castigo con el silencio.

La gente más peligrosa no es la que tiene su agresividad disponible.

Sino la que la tiene escondida bajo una capa de falsa bondad.

Para vincularte de verdad necesitas recuperar tu colmillo.

No para hacer daño.

Sino para tener la fuerza de sostenerte y de ir al encuentro sin pedir permiso.

En la inmersión VINCULARTE entrenamos esto.

Cómo limpiar los tubos para que tu fuerza salga como vitalidad.

Y no como veneno.

Seguimos.

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