Vivimos atrapados entre dos mitos que nos están jodiendo la vida.
El primero es el del individuo exitoso.
Tienes que ser autosuficiente, productivo, guapo y «estar trabajado».
El segundo es el de la pareja ideal: el trofeo final que demuestra que has triunfado en la vida.
Para cumplir con esto, hacemos algo terrible desde muy jóvenes.
Nos construimos un personaje.
Fabricamos una máscara social para vendernos en el mercado.
«Mira qué majo soy».
«Mira qué bien me va».
«Mira qué estable soy».
¿Y sabes lo que requiere mantener ese personaje en pie las 24 horas?
Requiere violencia.
Requiere una violencia brutal contra tu propia naturaleza.
Tienes que cortar, reprimir y esconder todo lo que no encaja en la foto de Instagram.
Tu «cara B».
Tus miedos.
Tu sombra.
Tu rareza.
Y aquí viene la trampa maestra de las relaciones.
Como tú estás actuando, buscas a otro actor.
Buscas a alguien que interprete bien el papel de «pareja exitosa» para tu película.
Te enamoras de su máscara porque encaja con la tuya.
Y durante un tiempo, todo es maravilloso.
Los dos personajes se aplauden mutuamente.
«Qué guapos somos y qué bien lo hacemos».
Pero el cuerpo no aguanta la mentira eternamente.
Mantener el personaje agota.
La violencia interna cansa.
Y llega un día en que la máscara se cae.
Y de repente ves al otro y dices:
«Tú no eres quien yo creía».
Y te asustas.
Y sales corriendo a buscar a otro actor.
Que se sepa mejor el guion.
En Vincularte vamos a desmontar el teatro.
Esos mandatos no son solo ideas en tu mente.
Son tensiones grabadas a fuego en tu sistema nervioso.
En tu emoción.
La propuesta es radical.
¿Qué pasa si dejamos de violentarnos para ser «ideales»?
Y nos atrevemos a vincularnos desde lo que somos realmente.
Con la cara A.
Y la cara B.
Es aterrador, sí.
Porque implica quedarse a la intemperie.
Pero es la única forma de que aparezca el ser real que eres.
Y la única manera de que el encuentro con el otro deje de ser un teatro.
Y empiece a ser vida.
Si estás harto de venderte y quieres empezar a relacionarte de verdad, las puertas de la Inmersión están abiertas.
Deja de buscar el éxito. Busca la realidad.
Seguimos.
