Miro alrededor y veo un momento de máxima separación.
Guerras, maniobras de control del sistema, de nuevo mascarillas, ataques a la vida, pantallas que alejan…
Cada uno en su isla gestionando su supervivencia como puede.
Vaya época la nuestra, ¿eh?
Pero, al mismo tiempo —y quizás tú también lo notes—, tengo la sensación energética, casi radical, de que algo nuevo está emergiendo.
Es curioso.
Cuanto más separación, más fuerza aparece en la dirección.
Y dentro de las claridades que surgen, una sensación emerge con fuerza:
Los humanos somos seres interdependientes.
No está de moda decirlo, pero en realidad nos necesitamos.
No estamos diseñados para sostenernos solos.
Hay una ley antigua que nunca falla.
La vivimos como humanidad desde los orígenes, hace unos 300.000 años, hasta hace solo unas decenas de años:
Donde haya un círculo humano y, en el centro, un fuego o un propósito común… ahí hay vida.
Durante mucho tiempo, en Trika nos hemos dedicado a impartir formaciones.
Y está bien.
Pero sentimos que el tiempo pide, además, otra cosa.
Pide subir la apuesta.
Por eso asumimos ahora el esfuerzo gozoso de ser uno de esos focos, uno de esos fuegos.
Ya no queremos que lleguen solo alumnos.
Queremos cocrear tribu real.
Queremos construir coherencia en la vida, verdad en los vínculos, comunidad, investigación y, en fin, creatividad en la vida.
