La tinta y los naipes (una intuición)

Leía el otro día un artículo

y me vino a la cabeza una vieja historia.

Creo que era sobre Thomas Chatterton

(o algún romántico de esa época)

que se suicidó chupando la pintura de unos naipes.

Parece una muerte poética.

Pero la biología no entiende de poesía.

Entiende de química.

Históricamente, los colores más vivos escondían los venenos más potentes

(arsénico, mercurio, plomo).

Lo que entra por los ojos como belleza, a veces entra en la sangre como muerte.

Me acordé de esto porque me preguntan mucho

por qué no llevo tatuajes.

Ojo.

Que nadie se me ofenda.

No te escribo para decirte qué hacer con tu pellejo.

Tu cuerpo es cosa tuya. Faltaría más.

Pero quiero compartirte una intuición

que me acompaña desde niño.

Siempre he sentido una resistencia animal a herir la piel.

Mi cuerpo, que es bastante sabio

(más que mi cabeza)

rechaza la idea de romper la barrera de protección.

Y sobre todo, me chirría la idea

de meter sustancias ajenas y permanentes en el cuerpo.

Piénsalo un segundo.

Desde la bioenergética (o desde el sentido común).

Nos pasamos la vida mirando las etiquetas del súper…

¿pero luego le inyectamos tinta industrial a la dermis

y pretendemos que se quede ahí quieta, sin molestar?

Esa sospecha que yo tenía por puro instinto

parece que los patólogos la confirman.

He leído un artículo de Santiago González Gallego

sobre lo que ocurre realmente en tus ganglios linfáticos cuando te tatúas.

Y no es arte.

Parece que es una batalla campal.

Tu cuerpo intenta comerse esa tinta para limpiarte.

No puede digerirla.

Y los ganglios se colapsan y se tiñen para siempre.

Tu sistema de drenaje se queda con «basura» atascada en el filtro.

LEER ARTÍCULO: Tus ganglios van a estar tatuados el resto de tu vida

Para mí, la salud no es solo hacer ejercicios de bioenergética

o comer keto.

La salud es integridad.

Es cuidar que la estructura que sostiene tu voltaje

esté lo más limpia posible para que la vibración pase sin interferencias.

Desde hace más de 30 años que investigo sobre esto.

De hecho, sobre todos estos temas estoy escribiendo un libro

que por ahora llamo Nutrición y salud bioenergética

(a mi ritmo caribeño, de verano en verano).

Ahora mismo el texto está en el cajón.

Pero todo suma.

Te dejo la reflexión ahí.

No para que te asustes.

Ni para que te borres nada con láser

(que es peor).

Sino para que recuerdes que tu biología tiene sus propias leyes, y le importan un pimiento las modas humanas.

Y para que observes

qué tóxicos son las cosas que te pones sobre la piel.

Hoy no pongo ninguna invitación concreta.

Pero si me lees, ya sabes lo que hacemos.

La puerta está abierta. Hasta la semana próxima. Luego cerramos.

Scroll al inicio