El tiempo de lo invisible (una carta de Rocío)

La vida requiere fuerza y determinación.

Sí.

Pero también requiere otra cosa

que a veces olvidamos: escucha.

Requiere sensibilidad

para notar el espacio, el tiempo

y el momento exacto del ciclo en el que estamos.

Por eso, en nuestros encuentros

alineados con el ciclo del Sol

(y de la Luna)

paramos para honrar ese ritmo de la naturaleza.

Un ritmo que no solo está fuera.

Vive dentro de nosotros.

Hoy doy un paso al lado

y le dejo la palabra a Rocío.

Una de las compañeras

que sostiene el fuego del Círculo Kaula.

¿Que qué es el Círculo?

Es el espacio donde recuperamos esa conexión con lo vivo.

Si tienes curiosidad

por saber qué vamos a hacer este domingo 1 de febrero

léela a ella.

Si te resuena

tienes el enlace al final para unirte.

Aquí va la propuesta:

El tiempo de lo invisible

(De Rocío para el Círculo Kaula)

Queridos compañeros,

El próximo 1 de febrero

el Círculo Kaula se reúne de nuevo.

Nos encontramos en un momento muy particular y delicado del ciclo natural.

Ese umbral

donde el invierno todavía pesa

pero la luz ya empieza a ganar terreno.

En diversas tradiciones

este momento de paso se conoce como Imbolc.

Una festividad que honra el despertar de la vida bajo la tierra.

Más allá de los nombres

lo que nos interesa es lo que ocurre aquí y ahora.

Vivimos estos días un tiempo de espera

donde la tierra comienza a calentarse

y a vibrar por dentro

aunque por fuera todo parezca igual.

Es el momento del primer brote.

De la vida que ya late

pero que todavía no es visible.

Este no es un tiempo de grandes manifestaciones.

Ni de expansión.

Es un tiempo sutil.

Que requiere una atención delicada.

Podríamos decir

que lo que toca es alimentar un fuego pequeño.

No una hoguera que lo ilumina todo.

Sino un calor incipiente.

Íntimo.

Que necesita ser cuidado para no apagarse.

En Trika sentimos

que estamos en un punto

donde algo nuevo está naciendo.

Tanto en nosotros

como en el proyecto y en los grupos.

Sin embargo

estamos en esa fase delicada

en la que aún no sabemos qué forma tendrá.

Es un momento de expectación.

De esperanza.

Y de duda fértil.

De no apresurarnos a poner nombres ni etiquetas.

A lo que todavía se está gestando.

En este encuentro nos proponemos:

– Detenernos

a observar ese movimiento interno que aún no tiene una forma definida.

– Sostener lo que emerge

sin forzarlo, respetando el ritmo propio de lo que nace.

– Practicar la presencia

ante lo que ya está ocurriendo bajo la superficie.

Sin la presión de «hacer»

o de obtener resultados inmediatos.

Nos reunimos para volver al cuerpo.

Al ritmo de la naturaleza.

Y a una escucha que no busca respuestas rápidas.

Sino simplemente acompañar

lo que ya desea brotar.

Con cariño,

Rocío

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