Mañana todo se va a poner de color rosa.
Es el día oficial del «amor ideal».
Verás escaparates llenos de corazones.
Parejas cenando bajo una luz tenue.
Y esa promesa implícita de que, si encuentras a la persona adecuada, vivirás en un estado de felicidad estática y eterna.
Ese es el mito comercial.
Es azúcar rápido: te da un subidón y luego te deja vacío.
Pero hay otro mito que me preocupa más.
Es el que nos venden en los mundos terapéuticos y espirituales: el amor incondicional.
Nos han contado que, si nos «trabajamos» lo suficiente…
Llegaremos a un estado de apertura total.
Un lugar donde siempre estamos disponibles.
Donde todo se acepta.
Y donde el amor es una línea continua sin fisuras.
Tengo que decírtelo claro.
Eso no es real. Eso es ideología.
Y como toda ideología inalcanzable, es violenta.
Nos forzamos a alcanzar un ideal que nuestra biología no puede sostener.
Fíjate en tu cuerpo.
Tu corazón no está siempre abierto.
Tu corazón pulsa.
Tiene una fase de apertura (diástole) y una fase de cierre (sístole).
Si tu corazón se quedara en una «apertura incondicional» absoluta…
Te morirías.
La sangre no bombearía.
Y si se quedara en un cierre absoluto…
También te morirías.
La vida es ritmo. La vida es oscilación.
En el vínculo real pasa lo mismo.
No se trata de estar en una «apertura permanente».
Sino de disponibilidad.
Puedo estar disponible para amarte (ir hacia ti).
Y, un rato después, necesitar volver a mí (recogerme).
Y ese repliegue no es un rechazo.
No es que «cierre el corazón» con rencor.
Es que necesito volver a mi centro para coger aire.
La violencia aparece cuando las palabras se vuelven absolutas.
Cuando creemos que retirarse es malo y abrirse es bueno.
En Trika preferimos una relación que respire (que se abra y se cierre) a una fantasía de asfixia amorosa.
No vamos a enseñarte a ser un «ser de luz» incondicional.
Vamos a entrenar tu capacidad de pulsar.
Saber cuándo ir hacia el otro con todo el deseo.
Y cuándo volver a ti sin culpa.
Mañana, cuando veas los corazones rojos, recuerda esto.
Tu corazón late porque se cierra y se abre.
No le pidas que haga otra cosa.
Seguimos.
