La ansiedad que sientes no empezó contigo

Por qué te agotas aunque no hagas nada físico.

A veces nos miramos con una exigencia brutal.

Pensamos que si sentimos ansiedad, desconexión o un cansancio profundo que no se va durmiendo, es porque hay algo estropeado en nosotros. Que nos falta «trabajo personal», que no sabemos gestionar nuestras emociones o que no somos lo suficientemente fuertes.

Nos han convencido de que la culpa de nuestro malestar es exclusivamente nuestra.

Pero me gustaría proponerte una mirada mucho más amplia y, creo, más compasiva con tu propia biología.

¿Y si tu cansancio no fuera solo tuyo? ¿Y si fuera un eco histórico?

Nos han vendido el cuento de que el ser humano es egoísta por naturaleza, un individuo aislado que necesita competir contra el resto para sobrevivir.

Pero el registro histórico dice todo lo contrario. Durante la mayor parte de nuestra existencia, nos organizamos en sociedades orgánicas basadas en el compañerismo y el apoyo mutuo. Asentamientos como Çatalhöyük prosperaron durante milenios sin murallas, sin dominación y sin guerras.

Teníamos una matriz vincular que nos sostenía.

Para instaurar el sistema hiperproductivo en el que vivimos hoy, hubo que romper eso. Hubo que destruir el tejido comunal, silenciar la sabiduría empírica y someter al cuerpo vivo para convertirlo en una máquina dócil y obediente.

Esa herida de separación (la escisión entre nuestra mente y nuestra biología) no está solo en los libros de historia. Está, literalmente, congelada en tu neurología.

La tensión crónica que llevas en los hombros, tu respiración contenida y ese estado de alerta de fondo no son defectos psicológicos tuyos. Son la respuesta biológica perfectamente normal de un organismo diseñado para la tribu, intentando sobrevivir sin red en un mundo escindido.

El problema no es que estés roto. El problema es que estás domesticado.

Y sanar esto no consiste en meditar a solas en tu habitación para evadirte del mundo. Consiste en recuperar la memoria de tu cuerpo.

No es una regresión infantil. Es un retorno lúcido a nuestra naturaleza viva.

Date una tregua hoy. Tu cuerpo hace lo que puede con la historia que le ha tocado vivir.

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