Es muy fácil culpar a los de arriba.
Nos encanta señalar al político corrupto, al jefe tirano o a la pareja controladora.
Nos hace sentir bien.
Nos hace sentir moralmente superiores.
«Yo soy bueno, ellos son los malos».
Pero Wilhelm Reich, que tenía muy mala leche y mucha razón, nos pegó una bofetada con la mano abierta hace casi un siglo.
Escribió un librito llamado «¡Escucha, hombrecillo!».
Su tesis duele.
El fascismo no viene de un líder loco que engaña a las masas.
Nace del deseo reprimido de la gente común.
Nace del «hombrecillo» que llevas dentro.
Esa parte de ti que es gris, cobarde y envidiosa.
Esa parte que odia la vida viva.
Fíjate bien.
Cuando ves a alguien que brilla.
Que es libre de verdad.
Que se atreve a hacer lo que tú no haces.
¿Qué sientes?
¿Admiración?
¿O sientes un pinchazo en la panza que te pide criticarlo, rebajarlo y decir «quién se cree que es»?
Ese es tu dictador interno.
Es el enano que te boicotea.
El que te dice que no destaques.
Que no grites.
Que no goces demasiado.
El que prefiere la seguridad de la mediocridad antes que el riesgo de la grandeza.
Reich decía que, en el fondo, nos da pánico nuestra propia potencia.
Nos da tanto miedo sentir toda la energía que somos capaces de mover, que nos encogemos y buscamos a alguien que nos mande.
Y si no hay nadie que nos mande…
Nos convertimos nosotros mismos en el policía.
Te vigilas.
Te juzgas.
Te castras.
En Trika no nos interesa psicoanalizar al tirano.
No venimos a darle vueltas a por qué te boicoteas.
Ni a buscar culpables en tu pasado para justificar que hoy no te muevas.
Venimos a algo más físico, energético y real.
A construir los soportes para que sea innecesaria la armadura.
El dictador interno necesita un cuerpo rígido y una respiración corta para sobrevivir.
Se alimenta de tu tensión.
Pero si generas espacio en el cuerpo.
Si sueltas la pelvis y la mandíbula.
Y dejas que el aire entre hasta el fondo, el tirano se asfixia.
La grandeza física no deja sitio a la mezquindad mental.
Trika no es la única medicina.
Ni nosotros tenemos la verdad absoluta.
Hay mil caminos para volver a la vida.
Este es simplemente el nuestro.
Tal vez tu momento sea otro.
O tal vez te baste con leer estas líneas para encender una chispa.
Bienvenido sea.
El mundo es un ecosistema inmenso.
Y hay sitio para todos los roles.
Los que empujan el cambio.
Y los que sostienen lo que hay.
Cada uno tiene su función y su ritmo.
Nosotros seguiremos a lo nuestro.
Cuidando este fuego.
Y respirando hondo, para quien lo necesite.
Seguimos.
