Parece obvio, pero en la sociedad actual descansar se ha vuelto un acto de rebeldía
Nos hemos desconectado de los ritmos naturales del cuerpo, forzándolo a la productividad constante y bloqueando su capacidad de autorregulación.
Cuando el cansancio aparece, solemos forzarnos a seguir adelante
Nos justificamos diciendo que aún hay cosas que hacer, que no podemos parar.
Pero el cuerpo insiste.
Se fatiga, se tensa, se apaga lentamente
Escuchar el cansancio y permitirnos descansar no es una debilidad, sino un acto de amor propio y de confianza en la vida
Dejar de luchar contra la fatiga es el primer paso para recuperar la energía.
