Recordar el fuego (una reflexión sobre el Círculo)

El otro día, una compañera que lleva un tiempo en la labor me contaba algo con una mezcla de sorpresa y alegría:

«Iba caminando por la calle y de repente me di cuenta de que, más que caminar, daba pequeños saltitos. Espontáneamente. Me vi haciendo y seguí haciendo».

Le contesté: «Compañera, ¡estás correteando!».

Corretear.

Esa palabra que define esa alegría espontánea que teníamos de niños y que perdimos.

Ese caminar dando pequeños saltos, sin que nadie nos lo enseñara.

Es una expresión pura de la alegría de vivir, del entusiasmo, de la energía que se desborda y encuentra una forma de moverse.

Es uno de los síntomas más bonitos de que la vida, que estaba apagada, vuelve.

Pero claro, cuando esa vida vuelve, trae una pregunta fundamental.

Una que nos consultan mucho:

«¿Qué hago con toda esta cantidad de energía que se despierta en mí?»

«¿Qué hago con este chorro de energía que me atraviesa desde los pies hasta la cabeza? ¿Con esta activación sexual, emocional? Es un fuego abrasador, es muy guay, pero… ¿qué hago con ello?».

Es una pregunta vital.

Porque para hacernos adultos, nos enseñaron a apagar ese fuego.

A limitarlo a lugares muy específicos.

A la alcoba.

A ese encuentro que luego es tan difícil de repetir.

Y la respuesta es: no la apagues. Conviértela en motor.

Ese fuego es la pasta de la que está hecha tu esencia.

Es deseo.

Pasión.

Emoción.

No es algo para controlar o esconder. Es algo para poner en movimiento.

¿Qué hacer con esa energía?

Convertirla en acción.

En dirección.

En relacionarte con otros seres humanos.

En construir realidades, proyectos, vínculos, amores.

La función de esa pasión es que te lleve, que te empuje a realizarla, a compartir, a amar, a crear, a ser…

Más allá de todos los muros conceptuales de lo que «está bien» o «está mal».

Esa energía necesita un cauce.

Un lugar donde no tener que apagarla.

Sino aprender a dirigirla.

Un espacio donde, semana a semana, la ponemos en acción.

La convertimos en cuerpo y en creatividad.

Ese es el entrenamiento que hacemos en el grupo semanal de bioenergética.

No intentes entenderlo.

No le pongas nombre.

Si el cuerpo te pide saltar, simplemente… corretea.

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