Seguro que llevas ya unas cuantas cenas de empresa, comidas familiares y reencuentros con amigos que hace meses que no ves.
Y casi siempre se repite el mismo guion:
—¿Qué tal te va todo?
—¡Bien! Pues mira, cambié de trabajo, los niños han crecido, en verano fuimos a tal sitio…
Es el ritual social de «ponerse al día».
Intercambiamos cromos.
Hacemos un resumen ejecutivo de nuestra biografía en el último año.
Pero te voy a confesar algo: a mí eso me aburre soberanamente.
No quiero que me cuentes tu vida (los hechos).
Quiero que me compartas tu VIDA (la sensación).
No me interesa tanto saber a dónde fuiste de viaje, sino cómo te sentiste cuando viste el mar.
No necesito saber tu cargo en la empresa, sino si te brilla el pecho cuando hablas de lo que haces o si se te encoge el estómago.
«Ponerse al día» es intercambiar datos. Conectar es intercambiar presencia.
Y estamos hambrientos de lo segundo, aunque nos atiborremos de lo primero.
En Trika somos un poco radicales con esto.
En nuestros espacios, invitamos a dejar la biografía en la puerta para entrar directamente en la biología.
En lo que está vivo ahora.
Si estás un poco saturado de conversaciones de ascensor y te apetece un espacio donde lo importante no es lo que cuentas, sino desde dónde lo cuentas, tengo una propuesta para ti.
Menos reporte. Más contacto.
