Odiabas el colegio (y con razón)

Decimos a menudo que Trika es una escuela.

Y sí, lo somos.

Pero ojo con la palabra.

Porque dices «escuela» y el cuerpo se encoge.

Recuerdas las cuatro paredes.

El profesor aburrido.

Y tú allí sentado, disociado, con la mente volando lejos para escapar de esa cárcel.

Recuerdas la pasividad.

El rol del eterno alumno que espera que le digan qué hacer para aprobar. O el del rebelde que se pelea contra la autoridad.

Esa escuela no nos interesa.

De esa escuela estamos hartos.

En Trika entendemos el aprendizaje como mayéutica.

No se trata de meterte información en la cabeza.

Se trata de desvelar lo que ya hay en ti.

De recordar.

Como dice el tantra: la sabiduría ya está dentro, solo se trata de reconocerla.

Por eso aquí no encontrarás «gurús».

Olvídate de esa chorrada.

No necesitamos a nadie que nos salve.

Ni a un maestro que nos diga cómo vivir, generando otra vez esa dualidad infantil.

Aquí solo hay veteranos (elders).

Gente que tiene la misma pasión que tú, pero que lleva un poco más de tiempo caminando y tiene el mapa un poco más gastado.

No tenemos poder sobre ti.

Tenemos la autoridad del que se ha construido a sí mismo (es el autor de su vida) y te acompaña para que tú hagas lo mismo.

Es una cadena ininterrumpida de transmisión humana.

Pasión por saber. Pasión por vivir.

Y una advertencia final:

Tampoco somos un hospital de almas.

Sé que está de moda hablar del trauma, de la herida y de «mi niño interior».

Y sí, vivimos en una sociedad estructurada sobre la violencia.

Todos tenemos dolores. Todos hemos sufrido.

Pero basta ya de la herida.

Si giras todo el rato alrededor de tu drama, si te quedas en el «pobrecito de mí», pierdes tu poder.

Te conviertes en víctima de tu propia neurosis.

Sal de ahí.

No pierdas tu fuerza lamentándote.

Úsala. Sé disciplinado contigo. Sé firme.

¿Qué es lo que quieres?

¿Qué es lo que deseas de verdad?

Pues pon tu energía ahí. Lucha por eso. Camina hacia eso.

Aprende en el camino, equivócate y rectifica.

Pero recupera tu autoridad. Y déjate de hostias.

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