Hemos fusionado dos mundos que parecen distantes:
La bioenergética de Reich y la visión ancestral del tantra no dual.
Y al hacerlo, nos hemos dado cuenta de que ambos cuentan la misma historia.
Que la vida, en su estado natural, es pulsación.
Es una energía (orgón, Shakti) que solo quiere una cosa:
Expandirse.
Crear.
Unirse.
Ese es nuestro estado natural. Lo que Reich llama la «pradera».
Pero no vivimos en la pradera.
Vivimos en el «escenario».
Una sociedad artificial que nos desconecta de nuestros ritmos biológicos.
Y aquí viene el gran clic del fin de semana.
Para sobrevivir en ese escenario, tuvimos que construir una coraza.
Nos hemos dado cuenta de que esa armadura no es un error.
Nos salvó la vida.
Fue necesaria para adaptarnos.
El problema es que, con el tiempo, la defensa se convirtió en cárcel.
Y la energía vital —la ira sana, el deseo, el llanto— al chocar contra esos muros, se deformó.
Vimos cómo la fuerza de vida, si no puede salir, se convierte en angustia.
Cómo la afirmación se vuelve rabia destructiva.
Hemos trabajado duro.
Hemos jugado con los espejos, proyectando nuestras sombras para poder verlas.
Nos hemos puesto máscaras para poder quitarnos las nuestras.
Y la pregunta que flotaba en el aire era:
¿Qué hay debajo de todo eso?
Si quitamos la máscara, si ablandamos la coraza…
¿qué monstruo vamos a encontrar?
Y la respuesta, vivenciada por el grupo, fue estremecedora:
No había monstruos.
Debajo de los miedos, de las tensiones y de los personajes, lo que encontramos en el núcleo fue unas ganas enormes de amar y de ser amados.
Esa es la cualidad fundamental que estaba protegida por la armadura.
Nos llevamos una lección final:
«Hay que bajar para poder subir».
Como los árboles, no podemos crecer hacia la luz —la conciencia— si no tenemos raíces profundas en la tierra —el cuerpo, la energía de vida—.
La dirección no es destruir tu máscara (la necesitas para el escenario).
El rumbo es recuperar la libertad de entrar y salir de ella. Dejar de ser el personaje para volver a ser el actor.
El viaje de los 6 Intensivos acaba de empezar con este descubrimiento.
Ahora que hemos reconectado con nuestro núcleo, el siguiente paso natural es mirar hacia afuera.
Hacia el otro.
En marzo continuaremos con «Vincularte».
SI QUIERES SABER MÁS ES AQUÍ
De todos modos, de eso ya hablaremos más adelante.
Hoy, quédate con esto:
Tu coraza te protegió.
Pero es tu ternura la que te hace vivir.
