La trampa de entenderlo todo

A menudo, en la sala, cuando empezamos a explorar la obra de Wilhelm Reich, surge la pregunta.

A veces en voz alta, a veces como un murmullo interno:

«¿Reich? ¿Un autor de hace casi 100 años? ¿No está un poco anticuado?»

Es la mente haciendo su trabajo: ordenar, clasificar, protegerse.

Pero parémonos un segundo.

Las leyes del universo de las que habla Reich tienen 15.000 millones de años.

Las leyes de la vida, unos 4.000 millones.

En cambio, la sociedad separada, la desconexión, la coraza… apenas tiene 500 años generalizándose, y ha conquistado el mundo hace apenas 150.

Entonces, ¿qué es lo realmente «antiguo» y qué es lo «nuevo»?

La novedad es la sociedad separada. La coraza, la desconexión.

Lo que Reich descubrió no ha cambiado, porque la vida no ha cambiado. El universo sigue funcionando igual. Y la coraza sigue interrumpiendo el fluir de la vida de la misma manera.

Luego está la otra trampa. La del que ya ha leído.

El compañero que, al volver a estos textos, piensa: «Hostia, otra vez Reich. Si esto ya lo tengo integrado y entendido».

Y ahí está el laberinto.

En la palabra «entendido».

Porque Reich no es un temario que se aprueba y se guarda en un cajón.

No es importante porque fuera un maestro iluminado. Es importante porque descubrió y formuló la metodología de cómo la vida se piensa a sí misma de una forma funcional y orgánica.

Y no hay otro autor que tenga esto.

Por eso, su lectura en grupo es un entrenamiento para construir un pensamiento vivo.

Y la práctica, después, es lo que permite que esa comprensión baje de la cabeza y se construya cuerpo.

No están separadas. Son la pulsación del mismo corazón.

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