Con el cambio de año, quiero contarte una novedad importante. O más bien, una muerte necesaria.
Trika ha dejado de ser una escuela. Se acabó. Basta ya de esa idea.
Porque dices «escuela» y el cuerpo recuerda el instituto. Recuerdas el aburrimiento. La sensación de cárcel. Esa dinámica adolescente donde tú sentías que te faltaba algo (que «adolecías» de conocimiento) y venía otro desde arriba a dártelo, a instruirte y, finalmente, a validar si eras apto o no.
Esa jerarquía nos aburre. Esa pasividad mata la energía. Así que, oficialmente: Adiós a la academia.
Tampoco somos un ashram espiritual. Aquí no hay gurús. No hay maestros. No hay seguidores. Nadie tiene poder sobre ti.
Deja de hacerte el chiquito. Las tradiciones lo dicen claro: Tú eres el ser. Tú eres Shiva. Tus átomos tienen miles de millones de años de antigüedad estelar. ¿De verdad vas a seguir buscando a alguien que te diga cómo vivir? ¿Vas a seguir poniéndote por debajo (o por encima) de nadie?
En un estado dual, esas jerarquías existen. En la realidad de la energía, son chorradas. Aquí nadie está por encima de ti. Sigue a la conciencia de tu corazón. Sigue tu escucha.
Entonces, ¿qué somos? Groucho Marx decía que nunca pertenecería a un club que aceptara a alguien como él de socio. Bueno, Trika es justo ese club paradójico.
Es una marea. Una corriente. Un laboratorio de investigadores entre iguales donde cada uno trae una luz única e irrepetible. Donde nos miramos y nos admiramos: por lo que tenemos de igual (humanos) y por lo que tenemos de diferente (únicos).
Lo vivimos físicamente el otro día en el Holos. Fue brutal.
Estábamos en la sala rectangular. Unas 100 personas en círculo. En uno de los laterales cortos nos colocamos nosotros: mis 8 compañeros de Bio y yo en el centro. Nos plantamos allí como pilares. Sin hacer nada, solo estando.
Alguien me dijo después: «Hostia, Vicen, se os veía con una presencia brutal. Erais como columnas energéticas sosteniendo el espacio».
Y lo mejor es que nosotros no guiamos la práctica. Ni siquiera la guiaron esos ocho magníficos que estaban a mi lado. La práctica la guio la VIDA.
Nosotros solo pusimos el cuerpo, la escucha y los recursos para acompañar lo que la vida quería hacer con esas 100 personas.
Eso es Trika. No una escuela donde te enseñan. Sino un campo de fuerza donde la vida te toma.
Si quieres dejar de ser alumno y empezar a ser investigador de tu propia potencia, este es tu club.
Bienvenido al laboratorio.
PD: Aunque ya te acercarás otro día. Hoy se terminaron las plazas de la celebración.
